miércoles, 20 de enero de 2010

►La odisea de la galleta con chispas de chocolate y la niña con pijama de ositos.

Había una vez una galleta con chispas de chocolate. Era la última en la caja. Se sentía sola y desamparada, un día como cualquier otro una mano de niña pequeñita saco a la galleta de la caja, le dio una mordidita y la vio feo, la pobre galletita se sintió tremendamente mal, ¿Qué acaso estaría rancia? Pensó que la tirarían a la basura, sintió miedo, pero la niña la siguió tomando con la manita, con cuidado de no tocar las chispas de chocolate para no derretirlas, abro el refrigerador y una ráfaga de aire helado llego a la galletita, saco un cartón de leche fría, nuevecita, la abrió y vertió un chorrito en un vaso que había por ahí, fue así como, con la puerta del refrigerador abierta y en manos de una niña con pijama de ositos, la valiente galleta se sumergió en la leche y fue saboreado con todos los honores que una galletita con chispas de chocolate puede tener.



Desde hace mucho que quería actualizar esto, pero, claramente, no lo había hecho. Ayer tenía muchas ganas de escribir pero no se me ocurrió nada, y una voz gritaba en mi cabeza “Galletas, ¡Galletas!” y yo me preguntaba “¿Galletas? ¡Si, galletas!”, las chookies tienen mensajes subliminales.

Totalmente sin comentarios.


No he usado mi cerebro mucho para pensar en algo decente para escribir, men, mi cabeza solo piensa: dibuja, no mejor lee, ¿No querrías tomar té?, quiero galletas.

Nada interesante por ahí.

Lo escribí yo, ¿Verdad?