Había una vez una galleta con chispas de chocolate. Era la última en la caja. Se sentía sola y desamparada, un día como cualquier otro una mano de niña pequeñita saco a la galleta de la caja, le dio una mordidita y la vio feo, la pobre galletita se sintió tremendamente mal, ¿Qué acaso estaría rancia? Pensó que la tirarían a la basura, sintió miedo, pero la niña la siguió tomando con la manita, con cuidado de no tocar las chispas de chocolate para no derretirlas, abro el refrigerador y una ráfaga de aire helado llego a la galletita, saco un cartón de leche fría, nuevecita, la abrió y vertió un chorrito en un vaso que había por ahí, fue así como, con la puerta del refrigerador abierta y en manos de una niña con pijama de ositos, la valiente galleta se sumergió en la leche y fue saboreado con todos los honores que una galletita con chispas de chocolate puede tener.
♥
Desde hace mucho que quería actualizar esto, pero, claramente, no lo había hecho. Ayer tenía muchas ganas de escribir pero no se me ocurrió nada, y una voz gritaba en mi cabeza “Galletas, ¡Galletas!” y yo me preguntaba “¿Galletas? ¡Si, galletas!”, las chookies tienen mensajes subliminales.
Totalmente sin comentarios.
No he usado mi cerebro mucho para pensar en algo decente para escribir, men, mi cabeza solo piensa: dibuja, no mejor lee, ¿No querrías tomar té?, quiero galletas.
Nada interesante por ahí.
Lo escribí yo,
¿Verdad?